Vocation Stories

 

Sr. Elvia Mata Ortega, IHM



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Nací un 17 de Diciembre 1975 en un pequeño pueblo del Norte de México, ubicado en una geografía desértica. Soy la 5º de 12 hermanos. 11 vivos y 1 fallecido. 7 mujeres y 4 varones.

Nací en el seno de una familia buena, católica pero no muy practicante. Acudíamos a misa frecuentemente, pero a la vez, no causaba ningún conflicto si alguna vez no era así. En casa hacíamos oración pero tampoco era una costumbre diaria. Lo que era realmente importante, era que recibiéramos los sacramentos, no importaba que después no los frecuentáramos.

Mis padres no contaban tampoco con una formación espiritual que nos pudieran transmitir, puedo decir que eran sólo gente buena. Nací y crecí en un ambiente espiritual algo desértico, así como es el clima de mi pueblo. Creo que la realidad geográfica influía en el tipo de cultura espiritual que practicábamos.

A pesar de esa realidad, yo siempre me distinguí entre mis hermanos por querer participar en la misa domincal, ir a mi catequesis y rezar el rosario diariamente. Mis hermanos iban porque mis papás les ordenaban ir, en mí, había un gusto natural por las cosas de Dios.

Tuve la oportunidad de hacer mi Primera comunión a los 5 años porque mi catequista dijo que ya estaba lista para ello. Creo que desde esa edad yo empezaba a vislumbrar que quería que mi vida fuera solo para Dios. Mentalmente no podía articularlo y expresarlo así, pero el sentimiento era claro para mí. Empecé a decir a mi familia, compañeros y maestros que yo quería ser “monja”, lo que por supuesto causaba risa y curiosidad en quien me escuchaba puesto que en mi pequeño pueblo no había religiosas ni conventos, apenas había iglesia.

Fue hasta que estaba en la escuela Secundaria cuando tuve contacto con la Vida Religiosa. Las hermanas pasionistas llegaron a mi pueblo a misionar. Fue en esta etapa y con las hermanas Pasionistas donde inicié de manera mas formal y consciente mi proceso de discernimiento. Tenía claro que quería consagrar mi vida, nunca cuestioné en qué Congregación porque no conocía otra mas que a Las Pasionistas.

Estaba en mi último año de preparatoria, cuando llegaron de misión a mi pueblo las Misioneras de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Desde el primer momento que ví su entrega en la misión, supe que quería ser parte de ellas. Caminamos juntas durante ese año y al concluir mi preparatoria ingresé con ellas el 22 de Julio de 1994.

El día 28 de Agosto de 1995 ingresé al Noviciado y el 15 de Agosto de 1997 hice mis primero votos. Desde mis primeros votos, hasta los votos finales, Dios me dio la oportunidad de realizar mi ministerio en la Educación.

El 08 de Diciembre de 2004 hice mis votos perpetuos y en Julio de 2005 Dios me envió a India. Dios “me llevó al desierto para hablarme de amor” (Os. 2,14) Fue ahí donde mi vida dio un giro y empecé a replantearme mi vida consagrada. Regresé de India con un corazón muy inquieto, preguntándome qué quería Dios de mí. De Julio de 2007 al 2011 mi ministerio fue en diferentes diócesis de Estados Unidos acompañando a la comunidad Hispana. Durante todo este tiempo mi corazón estaba inquieto, sentía que no estaba en el lugar en el que Dios había destinado para mí. Empecé a buscar opciones para renovar y resignificar mi vida, pero parecía que todas las puertas estaban cerradas. Entre mis opciones visité a las Siervas del Inmaculado Corazón de María en Scranton, esa puerta estaba abierta pero mi mente estaba ofuscada.

Por fin, me decidí a dar el paso y retirarme de mi Congregación para aclarar mi mente y mi corazón. Pedí permiso para ausentarme de mi comunidad Misioneras de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Decidí regresar a México y me integré a trabajar en la Casa Hogar Padre Severiano Martínez. Estando ahí, seguía en contacto con las Siervas del Inmaculado Corazón de María. Recibí la invitación de “conocerlas más de cerca” y sabiendo que lo único que pudiera pasar era encontrar mi lugar, me decidí a conocerlas.

En Julio de 2013 llegué a Scranton con mi corazón abierto para escuchar a Dios. Creo que desde el primer momento Dios me mostró que Él me esperaba ahí. Cada acción, cada palabra de las hermanas era una confirmación de que estaba en el camino correcto. Mi experiencia ahí fue redescubrir mi llamado. Decidí que quería iniciar mi proceso de transferencia con las IHM. El inicio proceso formal  fue a partir de Enero 2014.

El día 21 de Enero de 2017 Dios me concedió ser oficialmente una IHM.

El camino ha sido en la forma como Dios ha querido que sea y estoy agradecida por ello. Nada es suficiente para decir GRACIAS!

Agradezco enormemente a las Misioneras de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, porque ellas fueron el puente por el que Dios me condujo para llegar a mi comunidad las Siervas del Inmaculado Corazón de María.

Mi vida vocacional la comparo con la pequeña flor que nace en el desierto, que aunque no tiene mucha tierra, agua, abono… ahí está para recibir los rayos del Sol, sabiendo que él cuida de esa pequeña flor.


I was born on December 17, 1975 in a small dessert town in the north of Mexico. I am the 5th of twelve children; seven girls and four boys. All are still living except for one who passed away.

I was born in the bosom of a good Catholic family. We went to mass frequently but it was not a problem if we missed every now and then. At home, we had prayers but it was not a daily custom. The important thing was that we received the sacraments.

My parents did not have a formal spiritual education to share with us although I am able to say that they were genuinely good people. I was born and raised in a spiritual atmosphere that was a bit arid, that is to say something like the climate of my town. I believe that the geographical reality influenced the culture of spirituality that was practiced.

In spite of this reality, I was distinct in that I wanted to participate in Sunday Mass, go to catechism classes and to pray the rosary daily. My siblings went because my parents made them go. For me, it was a natural pleasure to be involved in the things of God.

I had the opportunity to make my First Communion at 5 years of age because my teacher said I was ready. I believe that it was at this age that I began to have a glimpse that my life was to be dedicated to God. Although I was not able to articulate nor express this to others, for me it was very clear. I began to share with my family, my friends and my teachers that I wanted to be a sister and that caused laughs and curiosity for anyone who heard me for in my small town there were neither sisters nor convents. There was barely a church!

It was not until I was in secondary school that I had contact with a religious community. The Passionist Sisters arrived at my town to do a mission. It was with the Passionist Sisters that I formally began my discernment process. It was very clear to me that I wanted to consecrate my life to God but I never questioned which congregation because I did not know any other sisters except for the Passionists.

It was in my last year of prep school when the Missionaries of Our Lady of Perpetual Help came to my town to do a mission. From the moment I saw their dedication to the mission I knew I wanted to be a part of them. We journeyed together this year and when I finished my studies I entered their congregation on July 22, 1994.

On August 28, 1995, I entered the novitiate and on August 15 of 1997 I professed my first vows.

From my first profession until my final profession, God gave me the opportunity to minister in education.

On December 8, 2004, I made my final profession of vows and in July of 2005 I was sent to India. God “brought me to the desert to speak to me of love” (Hosea 2:14). It was here that my life took a turn and I began to question my consecrated life. I returned from India with a troubled heart, questioning what God wanted from me.  From July 2007 to 2011 my ministry consisted of service in various dioceses in the United States accompanying Hispanic communities of people. During this time, my heart was anxious, feeling that I was not in the place that God had wanted for me. I began to look for options to renew my life and find the path for my life but it seemed like all doors were closed. Among my options, I visited the Sisters, Servants of the Immaculate Heart of Mary in Scranton. The door was open but my mind was bewildered.

Finally, I decided to take a leave from my community, the Missionaries of Our Lady of Perpetual Help, to clear my mind and heart.

I decided to return to Mexico and began to work at the Casa Hogar Padre Serveriano Martinez. Being there, I continued contact with the Sisters of IHM. I received an invitation to “know them more closely.” Knowing that the only thing that could possibly happen was to find my niche, I decided to get to know them.

In July of 2013, I arrived in Scranton with my heart open to listen to God. I think from the first moment God showed me that He was waiting for me there. Each action, each word of the sisters was a confirmation that I was on the correct path. My experience there was to rediscover my call. I decided that I wanted to initiate the process of transferring of my vows with the Sisters of IHM. The formal process began in January of 2014. On January 21, 2017, God bestowed on me the blessing of officially becoming an IHM.

The journey has been as God desired and I am grateful for that. No words are sufficient to say thank you!

I profoundly thank the Missionaries of Our Lady of Perpetual Help because they were the bridge through which God led me to the Sisters, Servants of the Immaculate Heart of Mary.

I compare my vocation to a little flower that is born in the desert. Although it does not have much land, water, or fertilizer, it is there to receive the rays of the Son, knowing always that it is the Son who cares for this little flower.

Sister Elvia currently serves as the Deputy Director of the Padre Severiano Martinez ABP Home for Children in Mexico.